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Extractos de los escritos del hermano Carlos

ABANDONADO EN LAS MANOS DE DIOS

“Me pongo en tus manos con infinita confianza, porque tú eres mi Padre”

(Retiro en Nazaret, noviembre 1897)

 

Carlos de Foucauld - última fotoCarlos de Foucauld - última foto

 

Meditando el Salmo 10, Carlos de Foucauld expresa su confianza y abandono a la voluntad de Dios que lo dispone todo para nuestro bien:

“Yo me confío al Señor, me abandono a Él, descanso en Él.”

“Tengamos confianza en Dios, (…) todo acontecimiento está en sus manos. Él lo conduce para nuestro bien” (Meditación 19ª, Salmo 10, Roma  1897)

 

 Sufrimientos, tentaciones, angustias… Nos acoge, y su “yugo” se hace leve.

“(…) cuanto más suframos, cuanto más tentados seamos, más ardientemente, y de todo corazón, ¡arrojémosnos en Dios, llamémosle en nuestra ayuda, con fe y amor!” (Meditaciones sobre los santos Evangelios, 416ª, 1897-1899)

 

 Porque Dios es Padre se siente en el deber de una confianza plena, que supone un gran don de sí y obediencia.

“Ya que Vos sois mi Padre, Dios mío, ¡cómo debo esperar siempre en Vos!” (…)

Padre nuestro, ojalá yo viva y muera diciendo:  Padre nuestro; y por mi agradecimiento, mi amor, mi obediencia, sea verdaderamente vuestro hijo fiel, un hijo que agrada a vuestro corazón. Amén.” (Meditación sobre el Padrenuestro, Roma, 23 enero 1897)

 

La llamada “oración de abandono” ha sido extraída de una meditación sobre las últimas palabras de Jesús:

Tal es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Amado. Que sea también la nuestra. Y que no sea sólo la del último instante de nuestra vida, sino la de todos los instantes: Padre mío, me pongo en tus manos; Padre mío, me abandono a ti” (Retiro en Nazaret, noviembre 1897)

 

Es también un abandono en la esperanza, es confiar nuestra fecundidad en Dios.

“Tú me dices que seré feliz (…) que, a pesar de lo miserable que sea, soy un árbol plantado al borde del agua viva, el agua viva de la voluntad divina, del amor divino, de la gracia (…) y que daré fruto a su debido tiempo.” (Meditaciones sobre los salmos, Salmo 1, 1897)

 

Anonadamiento, incapacidad a amar bastante… es donde Dios nos acoge y actúa.

“Se nota que no amamos bastante –esto es verdad, nunca se amará bastante- pero Dios, que sabe de qué barro nos ha hecho, y que nos ama más de lo que una madre (…)” (Carta a Marie de Bondy, 1 diciembre 1916)

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