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Extractos de los escritos del hermano Carlos

CONTEMPLAR EN EL CORAZÓN DEL MUNDO

 

“Cuanto más amamos, más contemplamos;

 y cuanto más contemplamos, más amamos.” (Meditación Mt, 2,11)

  La Visitación 
(pintura de Carlos de Foucauld)La Visitación (pintura de Carlos de Foucauld)

 

Carlos de Foucauld descubre que al visitar al otro se le transmite en silencio la presencia de Dios y se acoge también la presencia misma de Dios.

 “Vemos en todo huésped, pobre, enfermo, que llegue a nosotros, un ser sagrado, un ser en el que vive Jesús, una cosa indeciblemente santa, por grande que sea la corteza de pecado y de mal que pueda envolver a estas pobres almas” (Obras Espirituales, Antología de textos, nº 99)

 

No solo el amor a Dios lleva a amar a los demás, sino también el amor a nuestros vecinos nos lleva a Dios.

 “El deber es sencillo: amar, amar a Dios y al prójimo, amar al prójimo para llegar al amor de Dios. Estos dos amores siempre van juntos: Crecer en uno supone crecer en el otro. ¿Cómo llegar al amor de Dios?, pues practicando la caridad con los hombres” (Carta a Luis Massignon, 31 agosto de 1910, Tamanrasset)

 

El hermano Carlos  consagra “gratuitamente” tiempos amplios a Dios…

 “Consagremos ampliamente cada día a la oración todo el tiempo que debemos consagrarle... todo nuestro tiempo, todos nuestros instantes son de Dios y deben ser empleados de la manera que más le glorifique, pero los que están consagrados a la oración son aún más especialmente suyo”. (Meditación, Mc 12, 1-7)

 

Le pide a Dios que le haga ver Su presencia en todo, fuente de toda contemplación:

 

“Dios mío, dígnate darme ese sentimiento de tu presencia, de tu presencia en mí y en torno a mí”. (Retiro en Nazaret, noviembre 1897)

 

Todo lugar puede ser lugar de amor a Dios:

 “Orar sin cesar es amar sin cesar; la mejor oración es la que contiene más amor, que sea a los pies del altar o en medio de mil ocupaciones materiales.” (Meditación Mt 2,11)

 

  “Orar es, sobre todo, pensar en mí amándome. Cuanto más se me ama, tanto más se ora. La oración es la atención amorosa del alma fijada en mí: cuanto más amorosa es la atención, tanto mejor es la oración.” (Retiro en Nazaret, noviembre de 1897)

 

“Que mientras rezo, leo, trabajo, hablo, duermo, como... en casa o por el camino, noche y día, esté como vosotros con Él, perdido en Él, sumergido, abismado en Él…” (Meditación del Evangelio 4 de julio de 1898)

 

Agradecer a Dios es lo que sostiene la oración continua en lo cotidiano. Es glorificarlo por toda la vida.

 “Dios mío; haz que mis pensamientos, mis palabras y mis obras sean una acción de gracias en que tú enteramente te des gracias y seas glorificado en mí. “(Notas de un retiro en 1897)

 

Mientras acoge a lo más pobres, contempla también a Dios presente en ellos.

 “Los hermanos, no sólo deben recibir con bondad a los huéspedes, los pobres y enfermos (…) sino que deben invitar a entrar a los que se encuentran en su puerta, pidiéndoles como una gracia, de rodillas si fuera necesario, como Abraham a los ángeles que no pasen por la puerta de su siervo.” (Reglamento de los Hermanitos del Sagrado Corazón, 460 - Nazaret, 1899)

 

Carlos va pasando de un deseo de soledad con Dios, a una vida con Dios en medio de los demás.

 “Es el amor lo que tiene que recogerte en mí interiormente, y no el alejamiento de mis hijos: mírame en ellos; y vive cerca de ellos como yo en Nazaret, perdido en Dios.” (Cuaderno de Tamanrasset, 26 de mayo de 1904)

 

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